"Las ideas no se pueden matar."
Hace unos días que me vengo haciendo una reflexión a mi mismo, debido a que en estas últimas jornadas se cumplió el aniversario 39 del asesinato del Comandante Heroico Ernesto Che Guevara por efectivos militares, asesorados y entrenados por la Agencia Central de Inteligencia Norteamericana (CIA), en la escuelita de la Higuera, Bolivia, después de ser hecho prisionero en un combate desigual, apenas un puñado de hombres contra tres mil efectivos bien armados y con una poderosa logística, en la quebrada del Yuro. Y es que no puedo comprender como es posible que los grandes imperios no acaben de comprender que aunque asesinen a los líderes populares, jamás podrán arrancar de cuajo su obra e ideas; debido a que las ideas son poderosas armas, que si están basadas en ideales justos y que el pueblo las siente parte de si mismos, nunca podrán ser eliminadas y atravesaran el tiempo y el espacio y donde quiera que haya un humilde de esta tierra volverán a renacer, echar raíces y crecer con fuerza imparable.
No puedo dejar de establecer la semejanza entre el Che y ese otro gran hombre que marco a Latinoamérica en el siglo XIX, nuestro José Martí.
El Apóstol Cubano fue una personalidad histórica de tal relumbre que atravesó fronteras físicas para convertirse en una estrella guía para todos los latinoamericanos de su tiempo y de hoy en día. Las autoridades coloniales así lo comprendieron he hicieron todo lo posible por eliminarlo físicamente de la escena política de ese tiempo. Para lograr su objetivo organizaron intentos de asesinato que por suerte no cumplieron su objetivo letal. Fue por eso que cuando el Maestro cayó en combate en Dos Ríos, las autoridades españolas se regocijaron infinitamente y creyeron que con el se extinguiría su ideario emancipador e inclaudicable. Pero pronto se dieron cuenta de su gran error, porque se alzaron mil pares de manos dispuestas a defender su memoria y sus ideas se convirtieron en faro y guía de todos los verdaderos patriotas de esta Tierra, atravesando el tiempo, convirtiéndose en las principales impulsoras de lideres posteriores, que como él querían la verdadera independencia de la nación caribeña y de América Latina toda, convirtiendo a Martí en el autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada en 1953, esa acción heroica que fue el motor chiquito que hecho a andar el motor grande de la verdadera independencia de Cuba, y llegando hasta nuestros días con el mismo valor, pureza y actualidad que cuando salieron de los labios del Maestro.
Lo mismo ha pasado con la figura del Che. Los imperialistas, los ricos, los dueños de tierras, acostumbrados a que todo tenga su precio se sentían incómodos con ese hombre inclaudicable, sin mancha e incorruptible y durante muchos años planificaron su desaparición física. Treinta y nueve años nos separan de tan terrible crimen, de tan horrendo asesinato y aún sigue vigente su ideario. Sigue incomodando. Después del neoliberalismo salvaje, el Che Guevara retorna. Con su sonrisa irónica, típicamente argentina, mira desde lejos a quienes pretendieron olvidarlo con el supuesto "fin de la historia".
Miles de jóvenes, hartos del sistema capitalista, a la búsqueda de una nueva alternativa de vida, enarbolan en estadios de fútbol, en plazas, en parques, en recitales y en movilizaciones políticas, casi fanáticamente, la bandera del Che. Esta figura se ha convertido en historia, en símbolo, en ídolo para pueblos, tribus, en fin, para millones de personas del mundo.
El Guerrillero Heroico para las cubanos, San Ernesto de la Higuera en Bolivia y por otros tantos nombres se conoce la figura de Ernesto Guevara, reconocida a nivel mundial. Nosotros desde pequeños, con los primeros pasos, aprendimos a pronunciar su nombre de tres letras, a reconocer su imagen, la legendaria, y desde entonces lo llevamos dentro, como el amor, palpitante y cotidiano, como la vida.
No puedo dejar de establecer la semejanza entre el Che y ese otro gran hombre que marco a Latinoamérica en el siglo XIX, nuestro José Martí.
El Apóstol Cubano fue una personalidad histórica de tal relumbre que atravesó fronteras físicas para convertirse en una estrella guía para todos los latinoamericanos de su tiempo y de hoy en día. Las autoridades coloniales así lo comprendieron he hicieron todo lo posible por eliminarlo físicamente de la escena política de ese tiempo. Para lograr su objetivo organizaron intentos de asesinato que por suerte no cumplieron su objetivo letal. Fue por eso que cuando el Maestro cayó en combate en Dos Ríos, las autoridades españolas se regocijaron infinitamente y creyeron que con el se extinguiría su ideario emancipador e inclaudicable. Pero pronto se dieron cuenta de su gran error, porque se alzaron mil pares de manos dispuestas a defender su memoria y sus ideas se convirtieron en faro y guía de todos los verdaderos patriotas de esta Tierra, atravesando el tiempo, convirtiéndose en las principales impulsoras de lideres posteriores, que como él querían la verdadera independencia de la nación caribeña y de América Latina toda, convirtiendo a Martí en el autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada en 1953, esa acción heroica que fue el motor chiquito que hecho a andar el motor grande de la verdadera independencia de Cuba, y llegando hasta nuestros días con el mismo valor, pureza y actualidad que cuando salieron de los labios del Maestro.
Lo mismo ha pasado con la figura del Che. Los imperialistas, los ricos, los dueños de tierras, acostumbrados a que todo tenga su precio se sentían incómodos con ese hombre inclaudicable, sin mancha e incorruptible y durante muchos años planificaron su desaparición física. Treinta y nueve años nos separan de tan terrible crimen, de tan horrendo asesinato y aún sigue vigente su ideario. Sigue incomodando. Después del neoliberalismo salvaje, el Che Guevara retorna. Con su sonrisa irónica, típicamente argentina, mira desde lejos a quienes pretendieron olvidarlo con el supuesto "fin de la historia".
Miles de jóvenes, hartos del sistema capitalista, a la búsqueda de una nueva alternativa de vida, enarbolan en estadios de fútbol, en plazas, en parques, en recitales y en movilizaciones políticas, casi fanáticamente, la bandera del Che. Esta figura se ha convertido en historia, en símbolo, en ídolo para pueblos, tribus, en fin, para millones de personas del mundo.
El Guerrillero Heroico para las cubanos, San Ernesto de la Higuera en Bolivia y por otros tantos nombres se conoce la figura de Ernesto Guevara, reconocida a nivel mundial. Nosotros desde pequeños, con los primeros pasos, aprendimos a pronunciar su nombre de tres letras, a reconocer su imagen, la legendaria, y desde entonces lo llevamos dentro, como el amor, palpitante y cotidiano, como la vida.






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